Con tristeza e indignación, la feriante Fátima Prieto lamentó que aún existan personas capaces de dejar a su suerte a seres indefensos.
Uno de esos casos llegó hasta su propio puesto de trabajo: un pequeño gatito fue abandonado cerca del lugar y, en lugar de ignorarlo, decidió abrirle las puertas de su corazón.
La mujer lo adoptó, se encargó de esterilizarlo y ahora el felino se convirtió en su fiel compañerito de trabajo, acompañándola cada día entre los yuyos y el movimiento de la feria.
Sin embargo, Fátima reconoce que no todos los animales abandonados tienen la misma fortuna.
Por ello, aprovechó para hacer un llamado a la ciudadanía a ser más consciente, asumir la tenencia responsable de las mascotas y apostar por la esterilización como una herramienta fundamental para poner fin a los dolorosos casos de abandono que siguen registrándose en la ciudad.
"Ellos también sienten, sufren y merecen una oportunidad", es el mensaje que deja esta historia de empatía y amor hacia los animales más indefensos.