A solo un día de la firma del histórico Acuerdo de Libre Comercio entre la Unión Europea y el Mercosur, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, recibió a Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. Lejos de tratarse de un gesto casual, la reunión aparece como un intento evidente de recuperar protagonismo político luego de haber quedado completamente opacado por el hecho de que el acuerdo no se firmará bajo su presidencia pro tempore del Mercosur.
Durante años, Lula buscó presentarse como una figura central del entendimiento entre ambos bloques. Sin embargo, no logró concretar la firma cuando Brasil tuvo la conducción del Mercosur, y hoy observa cómo el desenlace de uno de los acuerdos comerciales más importantes del mundo se produce fuera de su órbita directa de liderazgo. Esta situación parece haber derivado en una reacción tardía y poco elegante: una reunión de alto perfil apenas 24 horas antes del acto formal, en un claro gesto de ansiedad política.
Este comportamiento refleja una inmadurez política difícil de disimular. En lugar de acompañar institucionalmente el cierre del proceso, Lula optó por una puesta en escena personalista, intentando forzar una foto internacional cuando el protagonismo ya estaba definido. La diplomacia no se mide por gestos de último momento, sino por la capacidad de cerrar acuerdos en el momento que corresponde.
La realidad es clara: el logro histórico del Acuerdo UE-Mercosur se concreta bajo la presidencia pro tempore del Paraguay, con Santiago Peña liderando el proceso como anfitrión y articulador regional. Paraguay no solo será sede de la firma, sino que consolida su posición como un actor serio, previsible y responsable dentro del bloque, demostrando que el liderazgo no se impone con gestos, sino que se ejerce con resultados.
Mientras algunos buscan protagonismo cuando ya es tarde, Paraguay hace historia. El acuerdo que esperó más de dos décadas se firma bajo su conducción, marcando un antes y un después para el Mercosur y dejando en evidencia quién estuvo a la altura del momento político y quién reaccionó cuando ya había quedado en segundo plano.