El foco del debate público parece concentrarse en si un joven actúa como lobo, gato u otro animal en TikTok, mientras cuestiones estructurales como la crisis educativa, la salud mental, los bajos salarios, la corrupción y la falta de oportunidades continúan sin recibir la atención necesaria.
Especialistas advierten que no se trata de normalizar cualquier conducta, sino de revisar las prioridades colectivas. La preocupación no debería centrarse únicamente en las expresiones individuales de los adolescentes, sino en el contexto social que los rodea y en las carencias que como adultos se siguen postergando.
En ese sentido, la pregunta que queda instalada no es por qué los jóvenes buscan nuevas formas de identidad, sino por qué la sociedad prefiere debatir lo superficial antes que enfrentar los problemas reales que afectan a millones.