Entre los varios récords que se han firmado en Norteamérica, como la artillería histórica de Lionel Messi con 19 goles, sobresale uno curioso: la selección que menos infracciones cometió en un partido de la Copa del Mundo desde 1966, la primera con medición estadística completa, según la plataforma Opta.
El protagonista fue el sorprendente Cabo Verde, que jugará con Argentina el viernes por el pase a octavos de final, en su estreno mundialista ante España (0-0) el 15 de junio en Atlanta.
Ante uno de los grandes favoritos al título, el equipo africano apenas cometió una falta. Muy distinto de las 44 sancionadas en el juego entre Haití (23) y Escocia (21), la contienda en la que el juez más usó el silbato en la primera fase.
No es que los caboverdianos sean necesariamente unos referentes del juego limpio, simplemente pueden ser la cara de un certamen en el que las transgresiones vienen a la baja desde Sudáfrica 2010 (31,2 por partido), según Opta.
Tras alcanzar la mayor media en Italia 1990 (39,5), la FIFA implementó iniciativas para impulsar el Fair Play. La medida ha funcionado, pues en Norteamérica 2026 el promedio es de 22,3, casi tres puntos menos que los 25 de todo Catar 2022.
Pero la caída en picada de las infracciones puede tener una explicación más futbolera y menos normativa: el descenso de las gambetas en un fútbol que muchos consideran cada vez más robotizado. Menos uno contra uno, menos necesidad de pierna fuerte.
En Inglaterra 1966 se intentaban en promedio 60 gambetas por juego. En el torneo de Estados Unidos, México y Canadá fueron casi la mitad (32,5), de acuerdo con la plataforma estadística.
"De todos modos es más que el Mundial pasado, que eran 27,5, pero mucho menos que antes", dice a la AFP Matías Conde, analista y editor de datos de Opta.
La media de dribles exitosos por cotejo es de 14,8 frente a 11,5 en Catar. El Mundial de México 1970, escenario de la consagración global de Pelé, tuvo el mayor pico: 30,3.
"Es posible que estemos transicionando a un juego más directo", tras años de dominio de la escuela del fútbol posesional y posicional, afirmó Conde.
Campeón del mundo con Diego Maradona en México 1986, el exatacante Jorge Valdano cree que la pérdida de la gambeta puede deberse a que el futbolista actual se forma en academias, donde recibe una educación más homogénea, y no en la calle, un lugar sinónimo de libertad y creatividad.
"Veo mucho menos potrero", dijo Valdano, convertido en uno de los pensadores modernos del balompié, a ESPN en 2022.
Las caídas de las gambetas y las faltas también pueden estar relacionadas con la manera de jugar actual, en la que se priorizan los pases y el juego asociativo.
Las secuencias de hoy en día son de un ratio de 5,8 pases por jugada, casi el doble que los 3,5 en Inglaterra 1966.
"Es un poco el huevo o la gallina, porque si hay más pases se remata menos. Pero también se remata de más cerca", apuntó Conde.
El máximo de disparos tuvo lugar en México 1970 (42,2 por juego), mientras que la primera ronda norteamericana cerró en casi la mitad (24,6), un poco más que en Catar (22,8).
"El 34% de los remates va al arco. Era 36% en el Mundial pasado y en el 70 era 29%", explicó el experto.
La lluvia de goles en 2026, con un promedio de 2,99 por encuentro, el mayor desde la década de 1950, puede estar relacionada con la distancia desde donde se chuta: 16,8 metros de media, cinco metros más cerca que el ratio desde donde Pelé y los suyos remataban en México 1970.
AFP./ VS SPORTS